La afección del pie caído en la esclerosis múltiple

La afección del pie caído en la esclerosis múltiple

Las personas que padecen esclerosis múltiple pueden sufrir la afección del pie caído que reduce la movilidad y la seguridad de los pacientes cuando caminan.

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmunitaria que afecta al cerebro y a la médula espinal. Los nervios se extienden por todo el cuerpo, por lo que la esclerosis múltiple se puede manifestar de diferentes maneras en las personas, ya sea afectando a partes diferentes del organismo como con diversa intensidad.

La mayoría de los casos se dan en mujeres y se suele diagnosticar mayoritariamente entre los 20 y los 40 años de edad. Afortunadamente, no es una enfermedad mortal por lo que la esperanza de vida es la misma que la de las personas que no sufren esclerosis múltiple. 

El pie caído es un síntoma de la esclerosis múltiple al verse alteradas las señales nerviosas existentes entre el cerebro y las piernas. Esto supone que el paciente tenga dificultades a la hora de levantar la parte delantera del pie al andar y por ello, este queda colgado, de ahí el término “pie caído”. Es algo muy molesto, ya que se arrastran los pies y pueden causarse tropiezos o caídas.

Si esta afección persiste en el tiempo, pueden aparecer otras complicaciones que afectan a otras partes del cuerpo también, como puede ser; dolor en la parte baja de la espalda, dolor en las caderas, alteraciones en el equilibrio, sensación de tirantez muscular, espasmos musculares que dificultan aún más el control del pie y sensación de entumecimiento.

Tratar el pie caído es posible de varias formas: 

  • Recomendaciones genéricas: Primero hay que seguir una serie de consejos como son el empleo del calzado adecuado, que sea cómodo, adaptado al pie y con velcro ajustable para que sea más cómodo quitar o poner el zapato y no tropezar con los cordones; eliminar aquellos objetos que estén por el suelo y puedan propiciar tropiezos como alfombras, macetas, etc.; no realizar movimientos bruscos y prestar atención al espacio de movimiento.
  • Ortopedias para el tobillo: Se trata de soportes de plástico o de fibra de carbono que se colocan en la parte baja de la pierna o en el tobillo y que ayudan a que el pie se sujete correctamente y a que la persona pueda caminar con normalidad.
  • Electroestimulación funcional: Es un tratamiento en el que se realizan pequeñas descargas eléctricas para estimular la recuperación de la posición del pie. Se emplea un dispositivo que se activa con un sensor en el zapato para impulsar el movimiento habitual del pie al caminar. 
  • Fisioterapia: Un fisioterapeuta también podrá ayudar a que el paciente realice aquellos ejercicios que fortifiquen su pie y los músculos del tobillo.

En cualquier caso, lo ideal es acudir a algún especialista para que valore cual es el tratamiento adecuado para cada paciente concreto.

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